Este texto es simple e ingenioso, nos enseña que todo cambia, y que las fórmulas que sirvieron en su momento pueden quedar obsoletas. Sus enseñanzas se aplican a todos los ámbitos de la vida: el "queso" del relato representa cualquier cosa que queramos alcanzar -la felicidad, el trabajo, el dinero, el amor- y el laberinto es el mundo real, con zonas desconocidas y peligrosas, callejones sin salida, oscuros recovecos... y habitaciones llenas de queso...
Mediante una historia, este libro nos ofrece valiosas enseñanzas para entender un mundo que se mueve a un ritmo cada vez más acelerado. De hecho, se trata de un curso tan rápido de adaptación al cambio en todos los ámbitos de la existencia, que ha sido de gran utilidad para grandes y pequeñas empresas, y puede servir para arrojar nueva luz sobre cualquier problema.
Los cuatro personajes imaginarios presentados en esta fábula, los ratones Fisgón y Escurridizo y los liliputienses, Hem y Haw, pretenden representar las partes simples y complejas de nosotros mismos, independientemente de nuestra edad, sexo, raza o nacionalidad.
A veces podemos actuar como Fisgón, que fisgonea y detecta pronto el cambio, o como Escurridizo que se apresura hacia la acción, o como Hem que se niega y se resiste al cambio, por temor a que conduzca a algo peor, o como Haw que aprende a adaptarse a tiempo, en cuanto comprende que el cambio puede conducir a algo mejor.
Al margen de la parte de nosotros mismos que decidamos utilizar, todos compartimos algo en común: la necesidad de encontrar nuestro camino en el laberinto y alcanzar éxitos en unos tiempos tan cambiantes.
"Tener queso, te hace
feliz""¡Moverse con el queso y
disfrutarlo!"
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